ESCORT
By STUDIO VOZ
Este programa recoge los testimonios y las experiencias de personas dedicadas a la prostitución, de investigadores sociales y antropólogos que han estudiado el mundo del trabajo sexual, de clientes, de mujeres y hombres que viven del comercio sexual. Se trata del testimonio de personas que deberíamos tener en cuenta cuando se legisla sobre sus vidas, voces que se deben preservar para entender de qué hablamos cuando tratamos sobre la prostitución. Te invitamos a participar, con la advertencia de que no admitimos comentarios anónimos. Toda conversación honesta exige que cada cual se identifique con su propia voz

Por primera vez en ESCORT escuchamos la voz de un hombre que ejerce el trabajo sexual. Se llama Danak, también utiliza el nombre profesional de Sergio y lleva trece años entrando y saliendo de una actividad que, según confiesa, le gusta y que abandonaría únicamente por razones económicas o por las incertidumbres del futuro. Su historia comienza a los veinte años, cuando decidió cambiar las perspectivas de un empleo convencional por la libertad de administrar su tiempo y ganar dinero ofreciendo servicios sexuales. Desde entonces ha conocido a cientos de clientes, muchos de ellos hombres casados que llevan una vida aparentemente heterosexual. Danak habla sin rodeos de dinero, sexo, intimidad, homosexualidad reprimida, relaciones abiertas y poliamor. Asegura que muchos de sus clientes buscan algo más que sexo: compañía, conversación y una intimidad que no encuentran en sus relaciones habituales. También compara sus experiencias laborales y sostiene que ha vivido más situaciones violentas trabajando en un supermercado que ejerciendo la prostitución. En esta conversación con Alfredo Urdaci, Danak reflexiona sobre el estigma, las diferencias entre la prostitución masculina y femenina, las consecuencias de las restricciones legales y su compromiso con la defensa de los derechos de quienes ejercen el trabajo sexual. Una perspectiva hasta ahora ausente en ESCORT, que amplía el retrato de una realidad mucho más compleja de lo que suele admitir el debate público. Y una frase final que resume su posición ante quienes pretenden decidir por él: «Yo prefiero prostituir mi cuerpo a prostituir mi alma».

Celeste vino a Europa para ejercer la prostitución. Empezó en Italia. El dinero que sacaba era para pagar su deuda. Le retuvieron el pasaporte para garantizar el pago. Luego entró en España por su cuenta. Tenía familia en España y buscó contactos para poder trabajar. Dice que esta actividad le ha obligado a aprender rápido para evitar riesgos. Trabajó en Vive Madrid hasta que cerraron el club.

Sofía empezó como camarera. Le pagaban 6 euros la hora. El trato no era bueno. Lo dejó, y el día que abandonó el trabajo se sintió liberada. Pasó a "hacer plazas". No tenía experiencia y aprendió pronto que debía poner límites. Hasta ese momento había hecho cosas que no quería, por dinero. No quiere volver a su país.

A Nicole le pesa el trabajo. Quiere hacer dinero y salir de esta actividad cuanto antes. Reconoce que entró porque quiso. Nunca por necesidad: en casa lo tenía todo, pero lo preocupaba su futuro cuando sus padres no estén. Pasó por Italia y luego vino a España. Sueña con hacer la carrera de Derecho y volver a vivir con su madre y sus hermanos.

Elisa es dominicana. Su profesión: la peluquería y el estilismo. Lo demuestra en su forma de vestir, en los complementos con los que se adorna. Dice que este trabajo no es como lo pintan. Tenía plaza en el Vive Madrid hasta que lo cerraron. Asegura que nunca vio nada en aquel local que le llevara a pensar en un cierre súbito. Tiene hijos y una extensa familia a la que ayuda en lo que puede.

Heidi tiene 19 años. Trabajó en Colombia en el comercio desde mucho antes de cumplir 18 años. Vendió todo lo que tenía para venir a España. Aquí consiguió trabajos muy mal pagados, en régimen de explotación: muchas horas diarias, pagadas a 3 ò 4 euros la hora. Y un día decidió cambiar de actividad, orientada por una amiga que le dijo dónde podía ganar más dinero.

Fue madre muy joven, se separó muy joven, la pandemia terminó de cambiarle la vida. Fabiana asegura que el dinero que consigue con la prostitución le permite ser independiente de los hombres: no los necesita para sacar adelante a su familia.

Cindy es madre colombiana. Empezó cuidando niños. Como tantas otras, no ingresaba lo suficiente para sostener a su familia y cambio de actividad. La primera vez vino a España a un trabajo convencional; la segunda tenía claro que se iba a dedicar a la prostitución. Afirma disfrutar de su trabajo cuando la persona es limpia caballerosa.

Priscila es brasileña, vino a España a ejercer la prostitución. Tiene un título universitario que intenta convalidar. Licenciada y con algún master en asuntos clínicos, muestra al entrevistador fotos de la actividad que piensa desarrollar cuando deje este trabajo. Dice que ella no encuentra placer y que muchos hombres llegan a ella en busca de afecto, de atención psicológica, de intimidad.

Selena empezó en la prostitución en Venezuela, después de tener una hija, y para sostener a su familia. Hace siete años vino a España. Con el dinero de su trabajo ha conseguido traer a toda su familia a España. Afirma que disfruta de su trabajo y que lo mantendrá mientras pueda.

Tania acaba de llegar a España. Antes fue stripper en Grecia, donde fue explotada en jornadas de madrugada interminables, sin derechos, sin descanso, sin vacaciones. Acaba de llegar a España y la encontramos en un club al día siguiente de comenzar su actividad. Ha pasado un mes de descanso en Palma, y sueña con poder vivir en Mallorca

Mercè Palau comenzó hace catorce años. Es popular porque aparte de ejercer la prostitución es actriz porno. Defiende la normalidad de su vida y la naturalidad de su profesión. Conoce la hipocresía política porque entre sus clientes hay políticos, embajadores, abogados del estado, y todo tipo de profesionales. Trabaja como independiente.

Mayra es de Pereira, Colombia. Tiene claro que está en la profesión por dinero, y busca ahorrar para poner una tienda en el barrio donde nació. Es creyente y cada día pide a Dios perdón por el trabajo: "le pido perdón y le pido que me ayude en el trabajo, que me traiga todos los hombres que me den dinero. Solo necesito clientes que me den poca guerra, que molesten lo mínimo y que me paguen lo máximo".

Angie vino a España desde Colombia. Tenía 23 años. Hoy tiene 45. Entra y sale del oficio en función de su necesidad económica. Tiene ya un patrimonio en España y otro en Colombia. Vino con idea de estar poco tiempo, pero se enamoró del país y, dice, del dinero

Sofía vino de Cali, Colombia. Una amiga le dijo dónde podía ganar más dinero. Llegó con visa de turista. Su plan es ir y venir, hacer dinero para comprarse su casa, organizar un negocio. Reconoce que es enamoradiza, que en su día se enamoró de un cliente, pero no salió bien: "el pasado no perdona". Cree que una actividad que realizan personas de forma libre, desde la oferta y desde la demanda, no se debería prohibir.

Kendall empezó con 17 años en Venezuela: "los hombres te ofrecen y al final dices que si". Luego vino a España para darle una vida mejor a sus hijos. Dice que puede sacar entre siete y ocho mil al mes, que el trabajo es duro y que los españoles tienen muchos fetiches.

Licenciada en psicología, Lana Leopard comenzó en el mundo de los masajes hace once años. Dice que le gustaría hacerlo durante toda su vida profesional. Se define como una mujer moderada, al margen del feminismo radical. Por su experiencia, dice que los hombres buscan afecto y un lugar donde no sean juzgados al tiempo que despliegan deseos y fantasías que en otros lugares no pueden desarrollar. Lana es positiva y cuenta como anécdota el día que a uno de sus clientes le tocó el premio de recibir un masaje a ocho manos.

Reina. Se puso ese nombre porque así se llama su madre. Dice que en un par de años habrá hecho dinero para comprarse su casa, y poder vivir en España. Es su meta, y su objetivo. Reconoce que lo peor de este trabajo es la mala higiene de algunos clientes.

Victoria es madre de tres hijas. Empezó en la prostitución cuando se quedó sola al frente de la familia. Su comienzo fue en Galicia. Luego Granada, más tarde Madrid. Siempre se ha movido con libertad. Va donde quiere, y sobre todo donde sabe que tendrá seguridad y comodidad. Le hubiera gustado que, antes de empezar, alguien le hubiera dicho que se trataba de un trabajo más duro de lo que imaginaba.

Dana Sofía era policía en Bogotá. Empezó a los 18. Estaba casada, y llevaba una doble vida. Ahora trabaja en España, desde hace cuatro meses. Vino a ejercer la prostitución, y se decidió por España para no ver más a su ex marido.