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Reducir las contenciones mecánicas en hospitales es posible mediante un cambio de enfoque centrado en la persona. Los expertos de BPSO Menorca destacan la importancia de prevenir el delirium y abordar el miedo del paciente vulnerable antes de recurrir al uso de sujeciones físicas. En las unidades de hospitalización no especializadas en salud mental se vive a diario una escena recurrente: pacientes de edad avanzada, frágiles y desorientados que intentan levantarse de la cama o retirarse las vías intravenosas. Ante situaciones de agitación, la respuesta asistencial suele ser rápida y automática, considerando las contenciones mecánicas como la única opción disponible para garantizar la seguridad inmediata. Sin embargo, los profesionales de la salud invitan a reflexionar sobre si estas medidas son realmente inevitables o si responden a una práctica arraigada en la rutina hospitalaria. El perfil predominante en estas situaciones corresponde a personas mayores con múltiples patologías, deterioro cognitivo o cambios abruptos en su estado mental. A menudo catalogados de manera errónea como pacientes difíciles en los cambios de turno, en realidad se trata de personas en situación de extrema vulnerabilidad que reaccionan con agitación ante un entorno desconocido y estresante. La toma de decisiones rápida a favor de la sujeción mecánica suele justificarse por la necesidad de prevenir caídas o el arrancamiento de sondas, pero también influyen factores como la sobrecarga asistencial, la falta de personal y la prevalencia de una cultura profesional basada en el "siempre se ha hecho así". Delirium Para transformar esta práctica es imprescindible analizar la causa raíz del comportamiento del paciente. En una gran mayoría de las ocasiones, la agitación no es más que la manifestación de delirium, un síndrome altamente desconocido en las plantas de hospitalización convencionales. El entorno hospitalario, caracterizado por ruidos constantes, luces artificiales, interrupciones del sueño, dolor no controlado y procedimientos invasivos, genera un elevado nivel de confusión y temor en la persona ingresada. Los profesionales señalan que el paciente no actúa de manera agresiva, sino que está asustado y desorientado al no comprender qué le ocurre ni dónde se encuentra. El uso de contenciones mecánicas en estos casos no resuelve la problemática subyacente; al contrario, a medio plazo tiende a empeorar el cuadro clínico. Las sujeciones aumentan el grado de agitación, incrementan el riesgo de lesiones físicas, potencian la confusión y provocan un severo impacto emocional ligado a la pérdida de dignidad al despertar atado a la cama sin comprender el motivo. Alternativas Existen estrategias de intervención alternativas, sencillas y efectivas, respaldadas por la evidencia científica. En primer lugar, resulta fundamental la reorientación continua del paciente en tiempo, espacio y persona, explicándole de forma pausada y empática quién le atiende, dónde está y qué procedimiento se le va a realizar. El control riguroso del dolor se configura como otro pilar esencial, dado que un malestar físico no gestionado deriva con frecuencia en conductas de agitación. Asimismo, la adecuación del entorno ambiental juega un papel determinante. Acciones como garantizar una iluminación natural adecuada durante el día, reducir la contaminación acústica nocturna y respetar los descansos del paciente contribuyen a estabilizar su estado cognitivo. Por otro lado, la compañía de los familiares o personas de confianza se consolida como una de las intervenciones no farmacológicas más potentes para transmitir seguridad y serenidad al ingresado. La relación terapéutica basada en la escucha activa, la validación de emociones y la anticipación a las crisis permite actuar antes de que la agitación se manifieste plenamente. Humanización El abordaje de las contenciones mecánicas exige evolucionar desde un modelo centrado en el control de conductas hacia un paradigma orientado al entendimiento integral de las personas. En las plantas de hospitalización no solo se tratan patologías, sino que se atiende a seres humanos en momentos de fragilidad. La prevención del delirium y el cuidado de la salud mental del paciente constituyen la vía más eficaz para evitar el uso de sujeciones físicas, demostrando que cuidar sin sujetar es una meta alcanzable. David y Desirée, colíderes de la guía BPSO dedicada al fomento de la seguridad y las alternativas a las contenciones, subrayan la necesidad de promover este cambio dentro de las instituciones sanitarias. La transformación de los cuidados requiere cuestionar las rutinas establecidas y adoptar prácticas basadas en la comunicación, la prevención y la evidencia. Avanzar hacia un entorno hospitalario sin contenciones mecánicas implica un compromiso colectivo de los equip
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